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Narrative Approaches for Professionals
Supporting People on the Autism Spectrum on Their Way to Employment

El enfoque NARRATE se fundamenta en el Enfoque Narrativo (EN, White & Epston, 1990; Morgan, 2000). Los enfoques narrativos para la consejería y el trabajo comunitario sitúan a las personas como expertas en sus propias vidas y consideran los problemas como algo separado de ellas. El EN parte de la premisa de que las personas poseen muchas habilidades, competencias, creencias, valores, compromisos y capacidades que les ayudarán a reducir la influencia de los problemas en sus vidas (Dulwich Centre Publications, 2009).

El EN implica formas de comprender las historias de vida de las personas y de reescribir esas historias en colaboración entre el profesional y las personas cuyas vidas están siendo abordadas. Es una forma de trabajo que se interesa por la historia, el contexto más amplio que afecta la vida de las personas, y la ética o la política de esta labor (ibid.).

El EN considera que el problema es externo a la persona, situado en un contexto sociopolítico más amplio y reflejado en el discurso, más que dentro del individuo o la familia (Madigan & Law, 1998). Esto ha llevado a un cambio en la definición de lo que necesita ser transformado (Hoffman, 2002).

Según el EN, no podemos tener un conocimiento directo del mundo; solo podemos conocer lo que sabemos a través de la experiencia vivida. Damos sentido a nuestras vidas y a las de los demás interpretando y atribuyendo significado a nuestras experiencias. Y otorgamos ese significado mediante el lenguaje, a través de las historias que nos contamos a nosotros mismos y/o a los demás.

Así, la palabra “narrativa” se refiere al énfasis que se pone en las historias de vida de las personas y en las diferencias que pueden generarse a partir de determinadas formas de contarlas y volver a contarlas.

La “narrativa” es más que una metáfora sobre contar historias (Anderson, 1997). Es un proceso dinámico que constituye tanto la manera en que organizamos los eventos y experiencias de nuestras vidas para darles sentido como la forma en que participamos en la creación de aquello a lo que damos sentido, incluyendo a nosotros mismos (ibid.). En consecuencia, el significado que damos a nosotros mismos y al mundo se deriva de estructurar la experiencia en forma de historias (White & Epston, 1990).

Las historias no solo nos representan; nos constituyen. No solo representan la vida; son constitutivas de la vida (White, 1989). Las historias son la base del conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo.

Ninguna historia está fuera del poder. La construcción de historias depende del lenguaje, ya que a través de él atribuimos significado y constituimos nuestras vidas y relaciones. Sin embargo, solo podemos construir historias mediante discursos culturalmente disponibles.

Un discurso (o narrativa) culturalmente disponible es un sistema de palabras, acciones, reglas y creencias que comparten valores comunes. Cada discurso sostiene una visión particular del mundo. Incluso podríamos pensar en un discurso como una cosmovisión en acción (Freedman & Combs, 1996).

En la sociedad, algunos de estos discursos son dominantes y otros más débiles. Por ejemplo, un discurso muy poderoso en la sociedad occidental es aquel que afirma la existencia de una verdad universal y cognoscible. Este tipo de discurso dominante influye profundamente en la forma en que narramos nuestras experiencias de vida y desarrollamos nuestro conocimiento. Influye en el vocabulario que usamos para contar nuestras historias.

El EN, sin embargo, sostiene que este no es el único tipo de conocimiento que poseemos. A veces, vivimos experiencias que nos muestran que no existe una verdad universal. Y construimos historias en torno a esa idea. El problema es que esas historias alternativas son descalificadas por las narrativas dominantes. El EN, entonces, busca resucitar aquellas historias alternativas que han sido subyugadas y marginadas por el conocimiento dominante. Esto constituye una forma de acción política (Brow, 2003), ya que al descubrir historias subyugadas se hace evidente su posibilidad, lo cual no solo muestra una ruptura con la idea de universalidad, sino que también revela cómo los discursos del conocimiento son prácticas de poder: cómo el conocimiento y el poder están entrelazados. Para el EN, las técnicas de poder no están separadas de la producción del conocimiento dominante. Nuestra experiencia vivida existe dentro de un campo o red de poder/saber (ibid.). Así, puede entenderse que un dominio de conocimiento es un dominio de poder, y un dominio de poder es un dominio de conocimiento (White & Epston, 1990).

El poder está en todas partes; es insidioso y no podemos actuar al margen de él. Se constituye, en gran medida, a través de verdades normalizadoras. Foucault (1977/1994) intenta rastrear cómo se construyen las jerarquías de poder en el pensamiento modernista y poner al descubierto sus efectos sobre los individuos. Él observa que las relaciones de poder se manifiestan cuando los modos de indagación intentan darse a sí mismos el estatus de ciencias mediante formas objetivantes de abordar a los sujetos de estudio. En segundo lugar, Foucault (1982/1994) señala las “prácticas divisorias” dentro de la sociedad y de las disciplinas científicas, que buscan dividir al sujeto dentro de sí mismo o separarlo de los demás. Finalmente, señala las formas en que los seres humanos son constituidos como sujetos a través de estas prácticas. Al examinar las relaciones de poder que operan en este proceso, afirma: «Esta forma de poder que se aplica a la vida cotidiana inmediata categoriza al individuo, lo marca por su propia individualidad, lo ata a su identidad y le impone una ley de verdad que debe reconocer y que los otros deben reconocer en él. Es una forma de poder que convierte a los individuos en sujetos. Hay dos significados de la palabra “sujeto”: estar sujeto a otro por control y dependencia, y estar atado a su propia identidad por una conciencia o autoconocimiento. Ambos significados sugieren una forma de poder que subyuga y convierte en sujeto» (Foucault, 1982/1994, p. 331).

Esta comprensión del poder y el conocimiento propuesta por Foucault no se refiere al poder represivo de la fuerza, como comúnmente se entiende en el uso cotidiano del término “poder”. Más bien, como señalan White y Epston (1990), «Foucault argumenta que experimentamos predominantemente los efectos positivos o constitutivos del poder; que estamos sujetos al poder a través de “verdades” normalizadoras que moldean nuestras vidas y relaciones” (p. 19). Este poder nos convierte en sujetos al delimitar las formas en que podemos concebir nuestras identidades; proporciona el lenguaje con el cual determinamos el contenido de nuestro autoconocimiento y nuestros conceptos de identidad. Foucault (1977/1997) sostiene que debemos dejar de describir el poder en términos negativos y represivos y, en cambio, comprender que: «”excluye”, “reprime”, “censura”, “abstrae”, “enmascara”, “oculta”. En realidad, el poder produce; produce realidad; produce dominios de objetos y rituales de verdad» (p. 194).

El AN busca identificar los discursos que sustentan historias problemáticas. 

Ubicar los problemas en discursos específicos ayuda a los profesionales a ver a las personas como separadas de los problemas que las aquejan. El AN localiza los problemas en los discursos, en lugar de hacerlo en las mentes individuales o en “familias disfuncionales”. 

Si este cambio de percepción tiene éxito, se puede introducir a la persona en un mundo completamente diferente, uno en el que los discursos que sostienen los problemas se vuelven más visibles. En este mundo, podemos oponernos, socavar o modificar con mayor facilidad la influencia de esos discursos, haciendo más posibles historias de vida sólidas, viables y no problemáticas (Freedman y Combs, 1996).

Como advierten White y Epston (1990): «Si aceptamos que el poder y el conocimiento son inseparables […] y si aceptamos que simultáneamente estamos sufriendo los efectos del poder y ejerciendo poder sobre otros, entonces no podemos tener una visión benigna de nuestras propias prácticas. Tampoco podemos simplemente asumir que nuestras prácticas están determinadas principalmente por nuestras motivaciones o que podemos evitar toda participación en el campo del poder/conocimiento mediante el examen de tales motivaciones personales» (p. 29).

En lugar de evitar las relaciones de poder y conocimiento implícitas en la relación profesional, estos autores sugieren que los practicantes narrativos deben asumir que siempre están participando en dichas relaciones. El AN propone que los profesionales critiquen sus propias prácticas e identifiquen los contextos de ideas de los que provienen sus acciones. Esto permite a los practicantes narrativos identificar efectos, peligros y limitaciones en sus ideas y prácticas, y dirige su atención hacia una aguda conciencia de que el control social—aunque se evite—es siempre una posibilidad latente dentro de las relaciones profesionales de ayuda (Sanders, 2011).

El AN ofrece una visión dinámica de la realidad en lugar de una mecánica (Pérez Cota, 2015). En consecuencia, se otorga a los individuos un papel activo en la creación de la realidad. Las personas se convierten entonces en agentes debido a su implicación activa en la construcción de la realidad (Kuczynski & De Mol, 2015). El AN se centra en las funciones creativas del lenguaje. Anteriormente, se ha identificado que el lenguaje transmite significados en distintos niveles (Derrida, 1967; Foucault, 1966). Por tanto, también se convierte en un medio para transmitir versiones específicas de la realidad. Para compartir experiencias de vida, los acontecimientos vividos deben organizarse para ajustarse a una estructura narrativa. Eventos específicos pueden contarse de distintas formas para resaltar o atenuar ciertos rasgos.

Los profesionales narrativos buscan deconstruir las visiones rígidas de los eventos vitales promovidas por las “narrativas saturadas de problemas” (Gergen, 1985). Estas narrativas se centran en hechos negativos de la vida y anulan versiones alternativas de una historia de vida, dando la ilusión de que las narrativas problemáticas representan la realidad. Pero existe una diferencia entre las experiencias vividas y lo que los agentes crean al compartir o narrar.

Para entender la fuente de influencia de las narrativas, es importante considerar que los agentes son sistemas abiertos con un proceso de influencia bidireccional (Kuczynski & De Mol, 2015). Bateson (1987) afirmó que la forma de cualquier sistema puede entenderse como consecuencia de una influencia restrictiva que no permite formas alternativas. En este sentido, Dennett (1998) nos anima a considerar a los agentes como centros de gravedad narrativa.

La integración de estos elementos teóricos ofrece una comprensión completa de las perspectivas narrativas de la psique humana. Los seres humanos, considerados como agentes, son generadores de significado que poseen formas particulares de estar en el mundo y de relacionarse con él, con los demás y consigo mismos (Limon Arce, 2012). Los agentes son sistemas dialógicos que están constantemente expuestos a narrativas culturales particulares que transmiten concepciones preconcebidas de la realidad (Ansay, 2015). A medida que el lenguaje se interioriza (Vygotsky, 1975), se transmiten representaciones específicas de la realidad. Aún más, las representaciones interiorizadas se experimentan como rasgos internos en lugar de culturales (White, 1993).

Las narrativas se vuelven problemáticas no solo cuando son rígidas, sino también cuando encierran a los agentes en historias que se oponen a sus valores y deseos (White, 1990; 1993; 1995). Más concretamente, cuando las historias dominantes están saturadas de problemas. Los profesionales narrativos trabajan con sistemas de consulta (Andersen, 1992) porque reconocen que las narrativas están insertas en contextos específicos (culturales, familiares, económicos, etc.). Las condiciones sociales de los agentes los sitúan en distintos sistemas que influyen en la realidad, la percepción, la interpretación y la comprensión mediante narrativas específicas.

Las similitudes entre textos y narrativas llevaron a la hipótesis de que las narrativas saturadas de problemas pueden deconstruirse para promover otras menos limitantes (Epston, 1992).

En el contexto de las relaciones profesionales de ayuda y apoyo, los agentes presentan narrativas saturadas de problemas, moldeadas y sostenidas dentro de sus contextos influyentes (significativos). Estas narrativas albergan implícitamente prototipos culturales que pueden no ser evidentes para los agentes. Al hacerlos explícitos, los profesionales narrativos fomentan la exteriorización del problema, lo que sitúa al agente como alguien que enfrenta un problema en lugar de poseerlo (White, 1993). Al rastrear la historia de la narrativa, se reconocen y exteriorizan representaciones sociales. Los agentes reciben entonces la oportunidad de aceptar o rechazar esos rasgos culturales.

El análisis de las narrativas implica un proceso dialógico en el que (al menos) dos agentes (el profesional y el cliente) exploran activamente las consecuencias de los rasgos culturales interiorizados de manera implícita. Este proceso es esencialmente dialógico y requiere una dimensión importante de cooperación e igualdad entre los miembros de cualquier sistema terapéutico. Cuando se analizan las capas de significado de una narrativa o un “texto”, se abre la posibilidad de construir y ampliar diferentes perspectivas (Limon Arce, 2012).

Así, podríamos decir que los profesionales narrativos son expertos conversacionales que crean un entorno óptimo mediante herramientas dialógicas para que los problemas sean exteriorizados y los resultados historizados, con el fin de contener las consecuencias de las narrativas dominantes saturadas de problemas. Los problemas dejan de ser fijos y se vuelven a analizar, dado que el rasgo problemático no es inherente a los eventos, sino consecuencia de marcos de inteligibilidad rígidos (Limon Arce, 1997; 2012). Esto sugiere que los problemas son el resultado de visiones restrictivas de la realidad.

Presentamos brevemente todos los enfoques epistemológicos y teóricos que inspiraron el AN y, en consecuencia, el marco NARRATE. Sin embargo, para introducir adecuadamente dichos enfoques, vale la pena describir las visiones del mundo que aún afectan profundamente la manera en que se conciben el trabajo social y las profesiones de ayuda, y que son cuestionadas por estos enfoques: el Modernismo y el Estructuralismo.

La visión del mundo modernista tiene sus raíces en la Ilustración y fue predominante en el mundo occidental durante gran parte del siglo XX. La revolución industrial trajo consigo una nueva forma de producción y una invención tras otra. Durante el siglo XX se inventaron la radio, los automóviles, los teléfonos, la televisión, los aviones, las naves espaciales y las computadoras. La medicina avanzó a pasos agigantados, mejorando la esperanza y la calidad de vida de millones de personas en los países desarrollados. La ciencia y la tecnología eran vistas como una fuente ilimitada de esperanza para el futuro (Shawver, 2005). La promesa de un progreso continuo es lo que Gergen (1991) describe como la «gran narrativa del modernismo»: la idea de que estamos en un camino de mejora y logros crecientes.

Gergen señala que las ciencias sociales se desarrollaron en el siglo XX con el ideal de encontrar las reglas que puedan explicar y predecir el comportamiento humano. 

La psicología fue redefinida como una ciencia, “y sus participantes adoptaron los métodos, metateorías y formas de las ciencias naturales” (Ibid., p. 30). Una implicación de esto es la creencia de que las personas, al igual que el mundo, pueden conocerse a través de la observación y el análisis, porque también podemos llegar a conocer un “yo verdadero y accesible” (Ibid.).

El estructuralismo, por otro lado, es una visión del mundo específica que surge dentro de la perspectiva modernista más amplia. Denota la creencia de que existen estructuras fundamentales e inmutables que rigen todo, desde el cosmos hasta el comportamiento de las partículas más pequeñas. Como señala A. Thomas (2002): «Se desarrollaron métodos de investigación científica para aprender sobre estas estructuras. Se aceptaba que la exploración científica objetiva podía proporcionar un conocimiento confiable, válido y universalmente aplicable del mundo físico. Este enfoque llevó a avances enormemente significativos en las ciencias físicas, y las invenciones y tecnologías que de allí surgieron transformaron el mundo de muchas maneras. No es sorprendente que estas ideas “estructuralistas” influyeran posteriormente en las ciencias sociales, y personas en una amplia gama de disciplinas (antropología, lingüística, sociología, psicología, terapia familiar) empezaran a buscar las “estructuras” internas subyacentes de las personas, familias, sociedades, culturas, lenguajes, etc.» (p. 85).

Uno de los efectos de la perspectiva ‘estructuralista’ en las ciencias sociales fue fomentar la comprensión de que las personas pueden estudiarse del mismo modo que se estudian los objetos. Esto implicaba ver a las personas como unidades separadas y discretas, no relacionadas con otras. El estructuralismo también implicaba que era posible estudiar a otras personas de manera imparcial y objetiva. Estas formas de ver el mundo fueron las que llevaron a tantos “descubrimientos” en las ciencias físicas. Estas ideas se volvieron muy populares: dieron la vuelta al mundo, y hoy hay pocos lugares donde las ideas estructuralistas no hayan echado raíces (ibid.).

La perspectiva modernista y estructuralista se basa en una epistemología positivista que supone la existencia de una realidad independiente del observador, a la cual podemos acceder directamente y conocer objetivamente. El ideal moderno es que la verdad puede encontrarse mediante el método científico. Grenz afirma: “La mentalidad moderna asume que el conocimiento es cierto, objetivo y bueno” (1996, p. 4). Desde esta perspectiva, el conocimiento se ve como un reflejo o un espejo de la realidad, y se piensa que el lenguaje es representacional: su función es ofrecernos una representación correcta del mundo (Anderson, 1997).

Varios pensadores surgieron durante el siglo XX (por ejemplo, Mijaíl Bajtín, Jacques Derrida, Michel Foucault, Jean-François Lyotard, Richard Rorty y Ludwig Wittgenstein) y observaron que aquellos que creen en los poderes trascendentes de las verdades universales —ya sea alcanzadas por revelación (en el fundamentalismo religioso) o por pensamiento racional— buscan modelar tanto el mundo natural como el social de acuerdo con esos principios universales.

Al haber descubierto la verdadera naturaleza del yo y de la sociedad, quienes se creen poseedores de esta verdad con demasiada frecuencia buscan abolir la diferencia mediante la fuerza, en nombre del colectivismo y la inevitabilidad histórica. La búsqueda de la igualdad tiende a aplastar la expresión de la libertad. Como narrativas dominantes, las verdades universales se vuelven primero normativas, antes de volverse finalmente coercitivas. Lo “anormal”, aberrante y diferente es corregido o eliminado. La búsqueda de verdades científicas en los asuntos humanos ha llevado una y otra vez al totalitarismo y a la supresión de la libertad e individualidad humanas. Aquellos que afirman haber descubierto la verdad son los más propensos a suprimir las opiniones de otros en su afán de certeza. Las visiones utópicas han conducido repetidamente a la represión y al control.

Los autores mencionados anteriormente son solo ejemplos de pensadores que intentaron cuestionar las narrativas dominantes propuestas por las visiones modernistas y estructuralistas. Esto condujo al surgimiento de nuevas perspectivas que se presentaron como posibles alternativas al Modernismo y al Estructuralismo: el Posmodernismo, el Construccionismo Social y el Postestructuralismo.

Como movimiento filosófico, el Posmodernismo ha cuestionado la naturaleza del conocimiento y ha señalado algunas de las limitaciones de la epistemología positivista en el estudio y la comprensión de la experiencia humana. Según Grenz (1996), el posmodernismo «marca el fin de una visión del mundo única y universal. La ética posmoderna resiste las explicaciones unificadas, abarcadoras y universalmente válidas. Las reemplaza con un respeto por la diferencia y una celebración de lo local y lo particular a expensas de lo universal» (p. 12). La “verdad” no se centra ni en la palabra de Dios ni en la razón humana. La verdad se descentra y localiza, de modo que se reconocen muchas verdades—en distintos tiempos y lugares.

La condición posmoderna es una de cambio y reformulación constantes. La búsqueda de la modernidad por una unidad subyacente es reemplazada por la dispersión de la verdad en el tiempo y el espacio propia de la posmodernidad. Hay un debilitamiento de cualquier certeza basada en una jerarquía de valores incuestionada (Bauman, 1992, p. 24). Se rechaza la idea de que algunos grupos culturales y sus formas de pensar tienen el monopolio de la verdad, de los estándares de belleza o de lo que constituye una vida buena. En el posmodernismo, hay una disposición a vivir con incertidumbre y contingencia. No existe la univocidad, ni un único discurso teórico.

En este marco, el lenguaje es un concepto central, ya que constituye la realidad. Las palabras que usamos no simplemente reflejan o expresan lo que pensamos o sentimos, sino que el lenguaje configura nuestras ideas y el significado de nuestras experiencias. Hoyt (1998) señala que conocemos y comprendemos a través de nuestros sistemas lingüísticos. El lenguaje es más que un medio para transmitir información, ya que moldea nuestra conciencia y estructura nuestra realidad.

Liberadas de sus vínculos con una supuesta base de realidad material, las palabras se separan de las cosas, y el significado se sostiene cada vez más «a través de mecanismos de autorreferencialidad» (Poster, 1990, p. 13). El lenguaje evoluciona; los significados resbalan, se deslizan y cambian. Como el lenguaje contribuye a formar el yo, la conciencia y nuestra comprensión del mundo, y como el lenguaje no es algo fijo, entonces ni la realidad ni el yo pueden tener propiedades esenciales y universales que puedan ser capturadas en algún sistema de verdades trascendentes por el cual debamos regirnos. Diferentes lenguajes producen distintos valores y mundos de significado y experiencia. Es dentro de discursos particulares donde se producen comprensiones y explicaciones, sujetos y temas, definiciones y verdades.

El Construccionismo Social es una teoría de la sociología que fundamenta la visión posmoderna y ha ejercido una enorme influencia en el desarrollo del trabajo social. El Construccionismo Social, también conocido como Constructivismo Social, propone que el conocimiento se construye socialmente a través del lenguaje. Supone que no podemos tener una representación directa del mundo, por lo tanto, solo podemos conocerlo a través de nuestra experiencia de él (Anderson, 1997, 2006). Anderson (2006) aclara en su descripción del conocimiento “socialmente construido” que este se refiere al conocimiento social o al significado que atribuimos a los eventos y experiencias, no al conocimiento científico o al conocimiento del mundo físico.

El Construccionismo Social sugiere que siempre estamos observando el mundo a través de algún tipo de lente—nuestras teorías, cultura, momento histórico, género, entre otros (Hoffman, 1990). Los construccionistas sociales sostienen que vivimos en un mundo de símbolos, en una realidad social que nos parece natural y objetiva, pero que en realidad es construida conjuntamente entre muchas personas (Truett Anderson, 1990).

Si la realidad es socialmente construida, cada persona participa activamente en su creación. En otras palabras, la realidad es una co-construcción de significado. Según esta lógica, una relación humana es un sistema complejo, que emerge de la colaboración de todos los actores involucrados en ella: todos los actores forman parte de este sistema y actúan, consciente e inconscientemente, para mantenerlo.

El Postestructuralismo es un movimiento filosófico, particularmente dentro de la filosofía francesa, que surge a partir de la teoría lingüística y literaria. En coherencia con el Posmodernismo, los pensadores postestructuralistas creen que el lenguaje es clave para explicar el mundo social: la forma en que hablamos sobre las cosas que vemos en el mundo—los discursos que construimos sobre esas cosas, las palabras y expresiones que usamos para describirlas—define nuestra experiencia del mundo mismo.

Lo que el Postestructuralismo añade a la visión posmoderna del lenguaje es el enfoque en el poder. El concepto de “narrativa dominante” o “discurso dominante”, que mencionamos anteriormente, proviene de hecho del Postestructuralismo: una narrativa dominante es la forma más común o popular de hablar sobre algo.

Así, podríamos decir que la “narrativa dominante” sobre los niños es que son inocentes, porque la mayoría de las personas hablan de los niños como si fueran inocentes. Otro ejemplo de discurso dominante es el discurso sobre el cambio climático. El discurso dominante sobre el cambio climático es que es causado por el ser humano. Existen, por supuesto, otros discursos alternativos sobre los niños, el cambio climático, o sobre cualquier otro tema—porque diferentes personas tienen diferentes opiniones.

El Postestructuralismo sugiere que lo que la sociedad cree como “verdad” en un momento dado es simplemente la forma de pensar (discurso) que se ha vuelto dominante (Tarragona, 2008). Pero si la verdad está moldeada por el discurso (es decir, la verdad es lo que el discurso dominante dice que es), entonces las personas que tienen el poder de influir en el discurso controlan lo que gran parte de la población percibe como verdadero o falso. La verdad está siempre vinculada a las dinámicas de poder: quienes tienen poder y autoridad dentro de un determinado campo son, con mucha probabilidad, también los custodios de lo que se considera verdadero en ese campo. En consecuencia, no existe una verdad objetiva, sino una pluralidad de perspectivas en la forma en que miramos las cosas.

Un concepto central en el Postestructuralismo es la “deconstrucción”, un método de lectura minuciosa de un texto que nos permite ver que ningún significado está fijo. Grenz (1996) ofrece esta explicación de la deconstrucción: «Si el lenguaje realmente construye significado (en lugar de revelar un significado objetivo ya presente en el mundo), entonces el trabajo del estudioso es desmontar (“deconstruir”) ese proceso de construcción de significado» (p. 43).

La deconstrucción consiste en cuestionar las narrativas dominantes en un contexto específico y/o en una experiencia de vida particular. Nuestros pensamientos, creencias y comportamientos se desarrollan alrededor de las narrativas dominantes que nos dicen cómo debemos comportarnos, pensar y reaccionar en una situación determinada—nos dicen qué es lo correcto y lo incorrecto, qué es normal y qué es anormal, qué es verdadero y qué es falso. Las narrativas sociales dominantes moldean la psicología de las personas de tal manera que se convierten en narrativas dominantes personales, influyendo en la experiencia de una persona en cada dimensión de su vida.

White (2004) prefirió describir el EN como postestructuralista debido a que se enfoca fuertemente en el concepto de dinámicas de poder y en deconstruir las ideas estructuralistas (es decir, modernistas y positivistas) acerca de los seres humanos. EN, de hecho, sostiene que los problemas humanos surgen y se mantienen a través de relatos opresivos que dominan la vida de una persona. Los problemas humanos ocurren cuando la manera en que las personas cuentan sus vidas a sí mismas y a los demás no encaja significativamente con su experiencia vivida.

De hecho, aspectos significativos de su experiencia vivida pueden contradecir la narrativa dominante en sus vidas. Desarrollar soluciones a los problemas dentro del marco narrativo implica abrir espacio para la creación de historias alternativas, cuya posibilidad ha sido previamente marginada por la narrativa opresiva dominante que mantiene el problema. Estas historias alternativas, típicamente, son preferidas por los clientes, encajan con, y no contradicen aspectos significativos de la experiencia vivida. Además, abren más posibilidades para que los clientes controlen sus propias vidas (Carr, 2001).

Hoy en día, los profesionales de la narrativa trabajan con una amplia gama de grupos de clientes con dificultades, por ejemplo: problemas de conducta infantil; delincuencia; acoso escolar; anorexia nerviosa; abuso infantil; conflictos matrimoniales; reacciones de duelo; adaptación al VIH/SIDA; esquizofrenia; y autismo (ibid.). Sin embargo, dentro del EN, ninguno de estos problemas se ve como atributos intrínsecos o esenciales de las personas o las relaciones. Más bien, estas etiquetas se ven como parte de un discurso o narrativa más amplia que patologiza la salud mental, la cual mantiene en lugar de resolver los problemas de la vida. Las prácticas de poder implicadas en estas etiquetas aumentan más que alivian la carga de las personas que enfrentan tales dificultades. Siguiendo el trabajo de Foucault (1965; 1975; 1979; 1980; 1984), White se refiere al proceso de aplicar diagnósticos psiquiátricos a los clientes y concebir a las personas exclusivamente en términos de estas etiquetas diagnósticas como “técnicas totalizadoras”.

La siguiente tabla, inspirada por Thomas (2002), nos muestra las diferencias entre un pensamiento totalizador y un pensamiento informado por el postestructuralismo en las disciplinas sociales.

El Estructuralismo piensa

El Postestructuralismo piensa

El Postestructuralismo

En el trabajo social nos invita a 

El objetivo del trabajo social es buscar “estructuras profundas” o «verdades esenciales” sobre las personas.

Es importante señalar los efectos reales del proceso de búsqueda de “estructuras profundas” o “verdades esenciales”. Uno de estos efectos en las ciencias sociales ha sido el desarrollo de diversas normas e ideas sobre cómo deberían ser las vidas de las personas para ser saludables.

Ayudar a las personas (cuando sea relevante) para dejar de medir sus vidas según lo que ciertas normas sociales dicen que debería ser la vida.

Tal búsqueda de “estructuras profundas” o “verdades esenciales” puede ser objetiva.

Lo que buscamos, lo que creemos y de dónde venimos influirá tanto en cómo miramos como en lo que encontraremos.

Cuestionar la “objetividad”, la “experiencia” y las “prácticas de interpretación” (profesional.

Es la “estructura profunda” (por ejemplo, el yo interior) la que moldea la vida.

El lenguaje y el uso del lenguaje juegan un papel vital en la configuración de la vida. Lo que las personas dicen y hacen, y cómo nos relacionamos entre nosotros, configura la vida. 

Los significados que damos a los eventos de nuestras vidas y cómo organizamos estos eventos en historias sobre nosotros mismos y los demás, moldean la vida.

Cuestionar las ideas y suposiciones aceptadas que podrían mantenerse a través del lenguaje que utilizamos en terapia.
Considerar cómo las historias, los rituales y otros aspectos performativos son relevantes para comprender el proceso de apoyo profesional y ayuda.

Nuestras ideas, problemas y cualidades están vinculados a un yo interno.

Nuestras ideas, problemas y cualidades son productos de la cultura y la historia. Han sido creados a lo largo del tiempo y en contextos particulares.

Exteriorizar ideas, problemas y cualidades en las conversaciones terapéuticas.

Nuestras identidades son fijas y esenciales—se encuentran dentro de nuestro ser interior.

Nuestras identidades se crean constantemente en las relaciones con los demás, con las instituciones y con las relaciones más amplias de poder.

Tomar en serio cómo cada conversación de ayuda modelará la identidad (hasta cierto punto) tanto de la persona que consulta a los profesionales como de los propios profesionales.
Pensar en cómo podemos involucrar testigos externos apreciativos en la relación de ayuda.
Desarrollar prácticas de rendición de cuentas para revisar los efectos reales de las conversaciones de ayuda y apoyo profesional en quienes nos consultan.

Nuestras identidades son siempre consistentes.

Nuestras identidades están formadas, y se siguen formando, por muchas (a veces contradictorias) historias.

Considerar cómo las historias de nuestras vidas modelan nuestras vidas y cómo la práctica de ayuda y apoyo puede permitir una rica descripción de las historias preferidas de identidad.

El EN hace un uso extenso de la metáfora del “mapa”. Según White (2007), las relaciones profesionales basadas en el EN son como expediciones hacia lo que es posible conocer sobre las vidas de las personas. Así, los “mapas narrativos de la práctica” son construcciones que se pueden consultar para orientarse en el viaje que los profesionales y los clientes hacen para mejorar de alguna manera la vida de los clientes.

El EN prefiere usar el término “mapas” porque no son protocolos que seguir rigurosamente paso a paso. Los mapas narrativos de la práctica brindan a los profesionales ideas sobre cómo hacer preguntas que puedan ayudar a los clientes a reflexionar sobre sus situaciones personales y relacionales, y sobre las narrativas personales y sociales que dominan tanto sus vidas como su entorno. Ayudan a los clientes a desentrañar esas narrativas dominantes y a considerar qué partes de ellas pueden ser útiles y cuáles no lo son. También pueden emplearse para asistir a los profesionales en la búsqueda de formas de ayudar a los clientes a alcanzar sus metas. Además, pueden ayudar a construir soluciones útiles al encontrar nuevas formas de analizar problemas y situaciones.

¿Cuál es el objetivo de hacer preguntas? ¿Por qué hacemos preguntas? Normalmente creemos que las preguntas son solo un medio para recoger información. Hacemos preguntas cuando queremos saber algo. Podemos hacer preguntas para recopilar información sobre la situación personal y relacional de nuestros clientes. Podemos hacerles preguntas sobre sus problemas y cuestiones, así como sobre sus sentimientos, emociones y pensamientos relacionados con esos problemas y cuestiones. Podemos hacerles preguntas para centrarnos en el origen y los determinantes de los problemas y tratar de ayudarlos a obtener una comprensión de sus causas. La intención de hacer tales «preguntas centradas en el problema» es básicamente reunir información para hacer evaluaciones correctas y definir un marco adecuado de intervención.

Sin embargo, las preguntas pueden ser algo más. Las preguntas pueden generar experiencia. Las preguntas pueden introducir novedades, diferencias, en el sistema de pensamiento de una persona. Las preguntas pueden ayudar a las personas a dar nuevos significados a sus vidas. Según el EN, las preguntas son una intervención en sí mismas. Se consideran la herramienta más poderosa para facilitar la transformación y el cambio en la experiencia de una persona. Más específicamente, las preguntas informadas por el EN son:

  • Generativas. Generan experiencia y ayudan a construir alternativas posibles, futuros posibles y nuevas ideas posibles. Pueden ayudar a las personas a generar nuevas versiones de la vida.

  • Cíclicas. Pueden ayudar a las personas a desarrollar una idea más clara de lo que están viviendo y cómo las cosas, los eventos, las personas y las relaciones les están influenciando y, a su vez, siendo influenciados por ellas.

  • Reflexivas. Son preguntas que invitan a la reflexión, a menudo sin una respuesta definitiva existente. Pueden usarse para evaluar el conocimiento, la experiencia o las ideas de la persona.

  • Respectuosas. Su intención es influir en la persona de manera respetuosa, de manera habilitante y invitacional.

Según White (ibid.), los profesionales que trabajan en relaciones de ayuda pueden adoptar una de las siguientes cuatro posiciones:

Ilustración 1. Modelo de Michael White sobre las distintas posticiones (Ilic, 2017).

Una posición centrada coloca al profesional en el centro de la interacción terapéutica, mientras que una posición descentralizada coloca al o a los clientes en el centro de la interacción. En una posición centrada, los profesionales asumen el rol de expertos al diagnosticar, intervenir y tratar a las personas basándose en sus suposiciones predeterminadas sobre lo que sería el mejor enfoque para el o los clientes. Michael White (ibid.) cree que este enfoque cierra la puerta a la colaboración, y el profesional se ve sobrecargado y agotado, mientras que las personas que buscan consulta se sienten impotentes.

Por el contrario, una posición descentralizada puede caracterizarse por una actitud de no saber, curiosa y respetuosa, en la que los profesionales no asumen que conocen el significado de los problemas de los clientes, lo que es importante para ellos y cómo deberían vivir sus vidas. Más bien, se invita a las personas a categorizar y reflexionar sobre sus experiencias y a tomar su propia postura sobre cómo prefieren vivir sus vidas. Como resultado de tal indagación, los clientes pueden experimentar “agencia personal y la capacidad de una acción responsable” (White, 2007, p. 2289), y pueden sentirse empoderados “para perseguir lo que es valioso para ellos” (p. 59). Por lo tanto, una posición descentralizada del profesional probablemente creará oportunidades en la conversación para una exploración más profunda de los problemas de los clientes en relación con sus preferencias, lo cual suele ser diferente de lo que los clientes experimentan en sus vidas.

Una posición influyente permite a los profesionales estimular activamente las condiciones para el cambio y asumir la responsabilidad de poner en práctica esas condiciones. Un profesional influyente no impone su propia agenda ni entrega intervenciones. Él/ella trabaja para ayudar a las personas a adentrarse y explorar algunos de los territorios descuidados de sus vidas y familiarizarse más con el conocimiento y las habilidades de sus vidas que son relevantes para abordar las preocupaciones, dilemas y problemas que están presentes.

Por otro lado, una posición no influyente permite a los profesionales adoptar un rol más conversacional, que incorpora respuestas no directivas a las declaraciones del cliente. A través del diálogo, los profesionales colaboran con los clientes para involucrarlos en la coevolución de la comprensión y el significado (Anderson & Goolishian, 1988).

Aplicar mapas narrativos de práctica significa, lo más probable, adoptar una posición relacional que se puede definir como descentralizada e influyente. Los profesionales son participantes activos en las conversaciones de ayuda y asumen la responsabilidad de crear condiciones para los resultados preferidos. Las preguntas narrativas propuestas en los mapas de práctica ayudan a los profesionales a asumir tal responsabilidad de una manera que respete la experiencia y las narrativas personales de los clientes y estimule su creatividad para desarrollar nuevas posibilidades y soluciones a sus problemas. 

A continuación, describimos brevemente los mapas de práctica del EN que inspiraron el marco NARRATE.

Externalización es el proceso de separar a la persona del problema y establecer el problema como algo externo a la persona (Carey & Russell, 2004). Cuando las personas buscan ayuda y apoyo, a menudo han llegado a creer que hay algo mal con ellas, que ellas mismas o algo acerca de ellas es profundamente defectuoso. El problema se ha internalizado. Esta situación se expresa en frases como “Soy inútil”, “Estoy equivocado/a”, “Soy patológico/a”, etc.

El proceso de externalización entiende que los problemas no están ubicados dentro de los individuos, sino que son socialmente construidos a lo largo del tiempo (ibid.). Cuando se crea espacio entre la persona y el problema, esto permite que la persona comience a revisar su relación con el problema. En lugar de existir dentro de él o ella, el problema se posiciona como algo que tiene un efecto sobre la persona.

El mapa de externalización es una forma de hablar sobre los problemas donde la intención es promover la externalización. Los tipos de preguntas que sugiere cubren los siguientes temas:

  • Nombrar el problema (como separado de la persona).

  • Mapear los efectos del problema a través de los diversos dominios de la vida de la persona.

  • Rastrear la historia del problema en la vida de la persona. Esto permite que el problema se coloque dentro de una narrativa, dejando claro que el problema no es algo que exista dentro de la persona. Más bien, es algo que se ha desarrollado a lo largo del tiempo, un desarrollo que ha sido influenciado por una variedad de factores.

El proceso de reautoría de las vidas de los clientes implica notar las historias “silenciosas”, no observadas, que son capaces de apoyar las identidades emergentes de los clientes mientras se separan de sus problemas. Estas historias “silenciosas” a menudo se conocen en la práctica narrativa como “resultados únicos” o “excepciones”.

La base de las conversaciones de reautoría incluye tanto el paisaje de la identidad como el paisaje de la acción. Estos paisajes se exploran simultáneamente con el propósito de permitir que las excepciones tomen su lugar en las historias de las vidas de los clientes.

Los paisajes de las conversaciones de reautoría se recorren mediante el uso de preguntas que revelan los “estados internos” asumidos (características, positivas o negativas, que se creen rasgos de personalidad o de alguna manera parte del “yo”) como “estados intencionales”: el resultado de las acciones y búsquedas consistentes.

Las preguntas del paisaje de la identidad requieren una postura “subjuntiva” o tentativa por parte de los profesionales; esta postura deja espacio a los clientes para la interpretación y múltiples posibilidades. Por ejemplo, la pregunta: ¿Qué podría significar esta experiencia sobre tus deseos de encontrar un trabajo?

Las preguntas del paisaje de la acción vinculan nuevas historias sobre el significado y la motivación con acciones concretas que dan contexto a la identidad en desarrollo. Por ejemplo, la pregunta: ¿Qué historia puedes contarme sobre un momento en el que tus acciones mostraron estos deseos?

Conversaciones de re-composición son moldeadas por la concepción de que la identidad se funda en una “asociación de vida” más que en un “yo” central. Esta asociación de vida está compuesta por las figuras significativas e identidades del pasado, presente y futuro proyectado de una persona, cuyas voces son influyentes en la construcción de la identidad personal. Las conversaciones de re-composición brindan una oportunidad para que las personas revisen las membresías de su asociación de vida: para mejorar algunas membresías y disminuir otras; para honrar algunas y revocar otras; para otorgar autoridad a algunas voces en relación con los asuntos de la identidad personal y descalificar otras voces al respecto.

Las conversaciones de re-composición no se tratan de una simple recolocación pasiva, sino de una re-aproximación intencional con la historia de las relaciones de una persona con figuras significativas, así como con las identidades de su vida presente y su futuro proyectado. Hay muchas opciones respecto a las figuras e identidades que pueden ser re-componidas en la vida de las personas. Estas figuras e identidades no tienen que ser directamente conocidas para ser significativas en las conversaciones de re-composición. Por ejemplo, pueden ser los autores de libros que han sido importantes o personajes de películas o cómics. Tampoco es necesario que estas figuras sean personas; podrían ser los peluches de la infancia de alguien o una mascota favorita.

Por “migración de identidad” nos referimos a los saberes culturales y comunitarios, así como a las prácticas de elaboración de rituales que pueden marcar y acompañar el movimiento individual y colectivo de un estado de ser a otro, a lo largo de la experiencia de vida y las transiciones.

El mapa de migración de identidad aplica la idea de los “ritos de paso” (Van Gennep, 1960; Turner, 1969). Según este concepto, los ritos de paso pueden considerarse actuaciones rituales empleadas para ayudar a los individuos durante tiempos de cambio, ya que la vida de una persona en cualquier sociedad es una serie de pasajes de una edad a otra y de una ocupación a otra. Además, entre las sociedades tradicionales, existen ceremonias esenciales para marcar cada uno de estos pasajes. Tanto Van Gennep (ibid.) como Turner (ibid.) proponen una estructura de tres partes para los ritos de paso:

  • Parte pre-liminal: Consiste en una situación que rompe con los hábitos previos de la persona. Es un evento o una serie de eventos que llevan a la persona fuera de sus condiciones habituales.

  • Parte liminal: Es el ritual en sí, donde ocurren los cambios y la persona se encuentra entre dos mundos: el anterior y el nuevo.

  • Parte post-liminal: Representa la nueva condición después de los cambios y la necesidad de adaptarse a este nuevo mundo.

El mapa de migración de identidad sugiere considerar el problema que la persona está enfrentando y por el cual busca apoyo como un rito de paso, y, por lo tanto, analizarlo en términos de fases pre-liminal (¿qué creó las condiciones para que surgiera este problema?), liminal (¿qué cambios emergen a causa de este problema?) y post-liminal (¿qué sucedió / podría suceder después de estos cambios?).

EN hace una extensa referencia al trabajo del psicólogo ruso Lev Vygotsky (1978, 1987), quien enfatizó que el aprendizaje es un logro no de esfuerzo independiente, sino de colaboración social. Una noción crítica para White (2007) fue la “Zona de Desarrollo Próximo”, que Vygotsky definió como «la distancia entre el nivel de desarrollo real determinado por la resolución independiente de problemas y el nivel de desarrollo potencial determinado mediante la resolución de problemas bajo la guía de un adulto o en colaboración con compañeros más capacitados» (p. 86). La Zona de Desarrollo Próximo acorta la brecha entre lo que se sabe y lo que es posible conocer, y es en esta brecha donde ocurre el aprendizaje. 

Según Vygotsky, la Zona de Desarrollo Próximo se atraviesa a través de la colaboración social entre un niño y otro adulto o compañero con un conocimiento mayor —o quizás solo diferente— de un concepto en particular. Atravesar la zona de desarrollo próximo solo puede lograrse si la brecha de desarrollo se descompone en tareas manejables. Son estas tareas, que están estructuradas al principio pero permiten la progresión gradual de un rendimiento colaborativo a uno independiente, las que sustentan el desarrollo de los conceptos en los niños. Las interacciones verbales proporcionan el punto de partida para la formación de conceptos. El colaborador o compañero de aprendizaje ayuda al niño a distanciarse de su experiencia inmediata y, de esta forma, a “expandir su mente” (White, 2007, p. 272), realizando nuevas conexiones que conducen al desarrollo de un pensamiento de nivel superior. Esto hace posible que se desarrollen conceptos sobre la vida y la identidad, lo que suministra la base para acciones deliberadas que den forma al curso de la vida (White, 2007). 

EN aplica la idea de Vygotsky al ámbito de las relaciones de ayuda y apoyo, proponiendo un mapa de práctica denominado «Mapa de Andamiaje«. Este mapa describe las tareas del profesional en la introducción de conceptos relacionados con los problemas e iniciativas del cliente y en el apoyo a la maestría del cliente sobre estos. Más específicamente, en el Mapa de Andamiaje, el papel del profesional es apoyar a las personas a distanciarse de lo conocido y familiar que se reproduce en sus relaciones con los problemas. El profesional proporciona andamiaje al hacer preguntas incrementales que apoyan el movimiento desde lo conocido y familiar hacia lo que es posible conocer y hacer. El profesional y el cliente trabajan en asociación para atravesar la Zona de Desarrollo Próximo.

El andamiaje del profesional permite que los clientes se distancien de los aspectos de los problemas, de modo que puedan desarrollar nuevas concepciones de sí mismos, de su identidad, de los problemas y de los recursos. El distanciamiento y el mayor dominio de los conceptos invitan a los clientes a ejercer gradualmente su agencia personal sobre los problemas con los que luchan, o con las soluciones que ya han comenzado a encontrar, pero que pueden carecer de una base sólida para su continuidad. Esto está en consonancia con las nociones de maestría y control voluntario/agencia personal que Vygotsky (1987) asociaba con el pensamiento conceptual.

Podríamos definir el Mapa de Andamiaje como una revisión del Mapa de Externalización que describimos anteriormente. La conversación de andamiaje se organiza de acuerdo con una jerarquía, con niveles crecientes de generalización que paralelizan los pasos del Mapa de Externalización. De acuerdo con esta jerarquía, el Mapa de Andamiaje comienza con la denominación y caracterización del problema o iniciativa. Para Vygotsky, desarrollar palabras formaba el nivel más primitivo de comprensión de los conceptos, y en esta versión del mapa, White (2006) se refiere a este paso como «distanciamiento de bajo nivel» (p. 45). Este marca las primeras etapas de la formación de conceptos, ya que las experiencias no tematizadas, desorganizadas y no conectadas se unen bajo un nombre o categoría común.

Distanciamiento de nivel medio es el siguiente paso en el mapa, y estas tareas producen cadenas de asociación entre el problema o iniciativa y sus consecuencias, un paso previamente descrito como la exploración de los efectos del problema o iniciativa. White correlaciona claramente este segundo paso con las nociones de Vygotsky sobre el desarrollo de complejos y cadenas de asociación, que establecen relaciones objetivas (pero aún no abstractas) entre objetos o eventos. Las tareas de distanciamiento de nivel medio-alto (que reflejan las conversaciones sobre la evaluación de los efectos del problema o iniciativa en el Mapa de Externalización) hacen que el cliente reflexione sobre estas cadenas de asociación.

En las tareas de distanciamiento de alto nivel (justificando y explicando evaluaciones, según las versiones anteriores de los mapas conversacionales de White), se invita a los clientes a generalizar su aprendizaje desde circunstancias específicas hacia otras áreas de sus vidas. White afirma que es en este nivel, donde los aprendizajes se generalizan desde lo concreto y se abstraen de la totalidad de la experiencia, donde ocurre la formación de conceptos. Las tareas de distanciamiento de muy alto nivel invitan a los clientes a hacer planes de acción basados en los conceptos recién comprendidos y las posiciones que han tomado. La Tabla 2 describe un esquema posible para el Mapa de Andamiaje (White, 2007).

La Investigación Centrada en Soluciones es una práctica que utiliza preguntas y conversaciones para fortalecer la capacidad de una persona o de un grupo para construir soluciones eficaces a sus problemas y desafíos. Lo hace sacando a la luz y visibilizando sus capacidades presentes y pasadas; sus logros, recursos y potenciales no explorados; sus innovaciones, fortalezas y momentos clave; sus valores, tradiciones e historias; sus expresiones de sabiduría; y sus visiones de futuros posibles y valiosos.

Este tipo particular de investigación está inspirada en el Enfoque Centrado en Soluciones (ECS), el cual comparte muchos elementos epistemológicos y filosóficos con el EN. El ECS se origina en contextos terapéuticos donde, mediante el diálogo, una persona ayuda a otra a alcanzar un estado deseado (De Shazer et al., 2007). Con el paso del tiempo y gracias a sus características, este enfoque se ha aplicado en otros contextos, como el trabajo social.

Priest y Gass (1997) sugieren que los trabajadores sociales pueden adoptar dos paradigmas distintos. El facilitador centrado en el problema busca resolver los problemas investigando a fondo sus causas y determinando qué se puede hacer para reducir su influencia en la vida de la persona (por ejemplo: “¿Qué mantiene el problema?”; “¿Quién hizo qué cuando el problema comenzó o empeoró?”; “¿Cuáles son las causas de este problema?”).

Por otro lado, un facilitador centrado en soluciones no ignora los problemas presentes, pero se enfoca en identificar, construir e implementar soluciones. Más específicamente, una facilitación centrada en soluciones se enfoca en:

  1. Identificar lo que los clientes quieren (es decir, las soluciones) en lugar de centrarse en lo que no quieren (es decir, los problemas);

  2. Buscar lo que actualmente está funcionando para los clientes, en lugar de enfocarse en lo que no está funcionando;

  3. Enfatizar lo que los clientes ya están haciendo que es útil, destacando sus fortalezas;

  4. Ayudar a los clientes a hacer algo diferente (es decir, soluciones), en lugar de seguir invirtiendo en algo que no les está funcionando (es decir, problemas).

Un facilitador centrado en soluciones suele buscar “excepciones” al problema (por ejemplo, cuándo o dónde no ocurre el problema, investigando por qué no sucede) y establece cómo los clientes pueden actuar de manera diferente, en lugar de esforzarse más, para lograr mejores resultados.

La diferencia entre la facilitación centrada en el problema y la facilitación centrada en la solución se resume en la siguiente tabla (Priest & Gass, 1997):

Enfoque centrado en el problema

Enfoque centrado en la solución 

  • se centra en reducir el “problema”

  • observa lo que los clientes están haciendo “mal”

  • enfatiza lo que los clientes no quieren

  • resalta lo que podría hacerse mejor

  • busca eliminar las debilidades negativas del cliente

  • se interesa por el “por qué” del problema (por ejemplo, qué lo “causa” y lo “mantiene”)

  • se centra en potenciar la “solución”

  • observa lo que los clientes están haciendo “bien”

  • enfatiza lo que los clientes sí quieren

  • resalta lo que ya se está haciendo bien

  • busca acentuar las fortalezas positivas del cliente

  • se interesa en cuándo no ocurre el problema (por ejemplo, excepciones al problema)

Podríamos decir que el Enfoque Centrado en Soluciones representa una narrativa alternativa frente al discurso dominante sobre la resolución de problemas. Al igual que los mapas de práctica descritos hasta ahora, la Investigación Centrada en Soluciones ayuda a las personas a distanciarse de lo conocido y familiar (que normalmente se explora mediante el análisis centrado en el problema) y adentrarse en el mundo de lo posible por conocer (las soluciones posibles que pueden construirse para resolver un problema determinado).

Según los fundadores del Enfoque Centrado en Soluciones (De Shazer, 1994; De Shazer & Berg, 1997), existen diferentes tipos de preguntas centradas en soluciones. Con el paso del tiempo, otros autores han propuesto cada vez más tipos de preguntas para ser aplicadas.

  • Preguntas abiertas. Las Preguntas Abiertas son aquellas que no pueden responderse con un simple “sí” o “no”, sino que requieren que la persona elabore sus respuestas. Son herramientas útiles para definir los problemas y conectar a las personas con los profesionales (Barnett, Roach, & Smith, 2006). Fomentan una relación positiva entre la persona y el profesional, desde la cual pueden colaborar para avanzar en soluciones.
    Mientras responden a Preguntas Abiertas, las personas pueden revelar habilidades, competencias y fortalezas que luego pueden explorarse más a fondo en conversaciones posteriores. 

Algunos ejemplos:

¿Puedes contarme sobre la relación que tienes con tu familia?

¿Quiénes son tus apoyos y cómo te ayudan? 

¿Cómo definirías los problemas que estás enfrentando?

  • La Pregunta Milagro. La Pregunta Milagro le da permiso a la persona para pensar en una amplia gama de posibilidades de cambio y le ofrece la oportunidad de imaginar un futuro sin el problema o dificultad actual. Ayuda a enfocar la atención hacia una vida más satisfactoria, en lugar de los problemas actuales o pasados.
    La Pregunta Milagro no busca una fantasía irreal (“ganar la lotería”), sino identificar efectos tangibles y observables de ese “milagro” (De Shazer et al., 2007). Por eso, es importante seguir el ritmo de la persona, colaborar y buscar los matices en la descripción de la solución, evitando respuestas vagas como “sería feliz”.
    La Pregunta Milagro no es una única pregunta, sino una secuencia de preguntas diseñadas para ayudar a construir una visión futura útil y concreta.

Ejemplo de secuencia:

  • Voy a hacerte una pregunta un poco extraña. Requiere que uses tu imaginación. ¿Tienes buena imaginación?

  • Supón que esta noche vuelves a casa, te acuestas y te duermes como siempre. Mientras duermes, ocurre un milagro: los problemas que te trajeron aquí desaparecen, pero tú no lo sabes porque estás dormido/a… ¿Qué notarás diferente al despertar? ¿Qué te indicará que ocurrió un milagro?

  1. ¿Cuáles serán las señales a lo largo del día que te demostrarán que el milagro ocurrió?

  2. ¿Cuáles serán las señales que notarán tus amigos o familiares de que ocurrió el milagro?

  3. ¿Qué diferencia haría en tu vida si ese milagro comenzara a suceder?

  • Preguntas de Excepción. Las excepciones son momentos en los que los problemas podrían haber ocurrido, pero no lo hicieron, o fueron menos intensos. El Enfoque Centrado en Soluciones parte de la premisa de que todas las situaciones problemáticas tienen excepciones, por pequeñas o infrecuentes que sean. Una tarea del profesional es examinar esas excepciones para que la persona las reconozca y pueda replicarlas. Por ello, las Preguntas de Excepción se enfocan en las condiciones que hicieron posible que la excepción ocurriera:

  • ¿Dónde ocurrió?

  • ¿Cuándo ocurrió?

  • ¿Que ayudó a que ocurriera?

  • ¿Quién contribuyó a que ocurriera?

¿Y el “por qué”? Al usar Preguntas de Excepción, se entiende que las excepciones son evidencia de que la esperanza existe en la vida de las personas. Las excepciones muestran que el cambio es posible y que vale la pena intentarlo. La esperanza también puede ser encendida por la admiración genuina del profesional hacia la fortaleza de la persona y su decisión de no rendirse.

Ejemplos:

  • ¿Hay momentos en los que el problema no ocurre o es menos grave? ¿Cuándo? ¿Cómo sucede eso?

  • ¿Ha habido momentos en las últimas semanas en los que el problema no se presentó o fue menos intenso?

  • ¿Cómo lograste que ocurriera esa excepción?

  • ¿Qué fue diferente ese día?

  • Si tu amigo (profesor, familiar, pareja, etc.) estuviera aquí y yo le preguntara qué te vio hacer diferente ese día, ¿qué crees que respondería?

  • Preguntas Presuposicionales. Este tipo de preguntas puede definirse como una subcategoría de las Preguntas de Excepción. Las Preguntas Presuposicionales están formuladas de tal manera que asumen que existe una respuesta, y esta está implícita en la propia pregunta. Comunican a las personas que crees que siempre hay esperanza en sus vidas, por pequeña o frágil que sea. Las preguntas que haces esperan que las respuestas reflejen esa dimensión de esperanza. 

Algunos ejemplos:

¿Puedes contarme un momento en el que este problema no fue tan grave para ti o en el que lo manejaste de una forma diferente?

¿Qué has hecho en el pasado que haya funcionado? 

¿En qué momentos del pasado te sentiste seguro/a al tomar una decisión?

  • Preguntas de Escala. Las Preguntas de Escala invitan a las personas a colocar sus observaciones, impresiones y predicciones en una escala del 1 al 10, donde 1 representa “ninguna posibilidad” y 10 representa “todas las posibilidades”. Estas preguntas deben ser específicas, refiriéndose a momentos y circunstancias concretas.
    Las Preguntas de Escala ayudan de dos maneras:

  1. “Delimitan” la experiencia, evitando que parezca ilimitada e incontrolable. Esto permite a la persona verla como algo más manejable, y por tanto, más esperanzador.

  2.  Al invitar a pensar en pasos concretos, hacen que el proceso de cambio parezca más realista y alcanzable.

Ejemplo de pregunta de escala: En una escala del 1 al 10, donde 1 representa lo peor que podrían estar las cosas y 10 representa lo mejor, ¿dónde te encuentras hoy?

No es suficiente con obtener el número; es importante usar ese número para ayudar a que la persona comience a pensar de forma más flexible y con esperanza. Una vez se rompe la percepción de “todo o nada” mediante los números, puedes seguir con preguntas que presuponen (e incluso provocan) un cambio positivo. Por ejemplo, si alguien dice que hoy está en un 2, podrías preguntar: Piénsalo bien. ¿Qué evitó que bajaras del Otros ejemplos: 

En una escala del 1 al 10, siendo 10 que estás totalmente seguro/a de que puedes resolver este problema, ¿dónde te colocarías hoy?

¿Qué tendría que pasar para que pudieras pasar de un 4 a un 5? 

¿Qué necesitarías para aumentar tu confianza en un punto? 

¿Alguna vez has estado en un 5 en el pasado? ¿Qué notaste diferente ese día?

  • Preguntas sobre Afrontamiento. Estas preguntas se centran en cómo las personas logran seguir adelante a pesar de la adversidad. Usar Preguntas sobre Afrontamiento transmite a la persona que no estás allí para tranquilizarla ni para minimizar la gravedad de su problema. En cambio, respetas su experiencia, pensamientos y emociones, y reconoces su punto de vista. Le haces saber que no vas a imponerle una solución, sino que estás a su lado con curiosidad genuina por cómo ha logrado mantenerse en pie pese a todo. Esto ayuda a crear un clima de colaboración para comenzar a identificar sus fortalezas y recursos incluso en medio de las dificultades. Some examples:

¿Qué has encontrado útil para manejar esta situación?
Considerando lo deprimido/a y abrumado/a que te sientes, ¿cómo lograste levantarte esta mañana y venir a hablar conmigo?
Dices que no estás seguro/a de querer seguir trabajando en tus metas. ¿Qué te ha ayudado a seguir trabajando en ellas hasta ahora?

Una vez obtienes una respuesta, la siguiente tarea es desarrollarla y expandirla. Puedes profundizar preguntando:
¿Qué hiciste para levantarte esta mañana (seguir adelante ayer, mantenerte con vida hoy, etc.)? 

¿Qué necesitarías para seguir haciendo lo que ya estás haciendo? 

¿Dónde aprendiste a seguir adelante a pesar de este problema? ¿Lo descubriste tú solo/a? ¿Alguien te lo enseñó?

  • Preguntas Relaciones. También denominadas Preguntas Indirectas o Preguntas sobre Influencia Mutua, invitan a la persona a considerar cómo podrían sentirse u opinar otras personas respecto a algún aspecto de su vida, comportamiento o posibles cambios futuros. Las Preguntas Relacionales pueden ayudar a que la persona reflexione sobre percepciones, pensamientos o comportamientos que mantiene y que podrían ser limitados o erróneos. Al mismo tiempo, permiten abordar esos temas sin confrontar directamente a la persona.

Por otro lado, también pueden ayudar a que la persona reflexione sobre los efectos positivos que tienen sus habilidades o acciones resolutivas en la vida de personas significativas para ella. Esto puede ser muy útil para reforzar esas acciones y habilidades, ya que obtienen una validación social de su eficacia.

Algunos ejemplos:

¿Cómo es que alguien podría pensar que estás descuidando o maltratando a tus padres? 


Si tus amigos estuvieran aquí, ¿qué dirían sobre cómo se sienten cuando manifiestas tu rabia de esta manera?
¿Qué diría tu pareja si supiera que has estado resistiendo tu problema hasta ahora?

  Si decidieras mantener una actitud más respetuosa hacia tus padres, ¿cómo influiría positivamente esa decisión en sus vidas?

Aportaciones significativas sobre la aplicación del Enfoque Narrativo (NA) a los temas del espectro autista y la neurodivergencia provienen del trabajo de Leurs Massart & De Mol (2017), Monteiro (2021) y Olinger (2021a, 2021b, 2021c). A continuación, describimos brevemente el trabajo de todos estos autores, ya que han influido de manera significativa en el desarrollo del programa de aprendizaje NARRATE. Todos estos autores sugieren la necesidad de cambiar la narrativa sobre el autismo y la neurodivergencia, coincidiendo en la idea de describir a la Persona en el Espectro Autista (PoAS) como un agente.

Leurs Massart & De Mol (2007) se centran en el concepto de “corporización”, según el cual la mente humana está determinada en gran medida por las estructuras del cuerpo humano (morfología, sistemas sensoriales y motores) y sus interacciones con el entorno físico (Lerner et al., 2018). En otras palabras, la mente humana está influenciada en gran medida por nuestros cuerpos y por cómo interactúan con el mundo físico que nos rodea.

Según este paradigma, el cuerpo es la herramienta que utilizamos para conocer el mundo y darle sentido (Wilson & Foglia, 2011). Más allá de sus estructuras biológicas, los cuerpos se convierten en un yo orgánico, cognitivo y social interrelacionado (Di Paolo, 2005). Como especie social, los seres humanos no pueden separarse de su condición social. El sentido es un proceso interactivo basado en influencias bidireccionales entre los agentes que interactúan (De Jaegher, 2013; De Jaegher & Di Paolo, 2007). Los encuentros sociales requieren coordinación entre los agentes para que la interacción tenga autonomía y, por lo tanto, influya nuevamente sobre los agentes (Di Paolo, 2005, 2009; Kuczynski & De Mol, 2015). La organización de las actividades de un agente es producto de la interacción de una miríada de restricciones: biológicas, físicas, sociales y culturales. Pero el compromiso es significativo para el agente, al menos en parte, debido a la realidad básica de su corporización—su organización biológica, el crecimiento y desarrollo continuo que debe mantenerse si el agente quiere seguir existiendo (Di Paolo et al., 2010; Thompson, 2007).

En este marco, el agente no simplemente actúa, sino que lleva a cabo una “actuación”. El término “actuación” (enaction) define una acción guiada perceptualmente que involucra constantemente propósito, voluntad, orientación y apoyo. Es el proceso que permite la emergencia de fenómenos cognitivos a partir de la interacción con otros agentes y el mundo: la mente y el mundo surgen juntos a medida que el cuerpo se compromete en la acción y la interacción (Varela et al., 1993).

Leurs Massart & De Mol (2007) sugieren que las personas en el espectro autista (PoAS) actúan de manera diferente a los llamados agentes neurotípicos en términos de lenguaje, movimiento corporal y construcción de significados.

Definir a las PoAS como seres agentes representa un cambio paradigmático significativo. Reconoce que las PoAS participan activamente en la construcción social de la realidad; en consecuencia, las acciones de las PoAS tienen significados, propósitos y objetivos. Sin embargo, estos significados no son reconocidos ni considerados por un entorno sociocultural donde la narrativa dominante sobre el autismo está desincorporada y centrada en paradigmas de investigación sobre la discapacidad (Smith, 2016). Desincorporada porque los modelos teóricos que explican las peculiaridades se enfocan en exceso en la cognición y desestiman el cuerpo. Discapacitada porque los programas de intervención buscan reparar, desarrollar o mejorar las funciones dañadas en lugar de reconocer fortalezas, potenciales y legitimidad. En consecuencia, las intervenciones siguen siendo esencialmente correctivas y desincorporadas.

Tal narrativa dominante niega el estatus agente de las PoAS. Dado que la agencia está arraigada en el dominio interpersonal, no reconocer formas alternativas de llevar a cabo la realidad pone en riesgo el reconocimiento de la agencia y, por lo tanto, el sentido de agencia. Esto representa una práctica implícita de poder que ha operado en la vida de las PoAS desde su niñez (Leurs Massart & De Mol, 2007). Como consecuencia, las PoAS pueden desarrollar una narrativa densa: es decir, una narrativa personal dominante densa, rica y elaborada de sí mismas como personas enfermas, rotas o anormales que necesitan ser arregladas y normalizadas, ya que sus acciones carecen de significado y no están basadas en el principio de la realidad.

Leurs Massart & De Mol (op. cit.) sugieren que los conceptos de actuación y corporización pueden ser útiles para ayudar a las PoAS a reconocer el significado y los propósitos de sus acciones en el mundo físico y social, aunque su uso del lenguaje sea diferente al de los neurotípicos. Como agentes, los humanos no somos seres del lenguaje, sino más bien, seres de significado: «Respecto al autismo, la investigación sobre intervenciones debería centrarse en generar experiencias de compromiso para que la agencia autista se haga conspicua. A medida que se fomenten espacios para maneras corporales alternativas, el autismo puede ser visto como una forma alternativa de devenir, en lugar de una imposibilidad de devenir» (op. cit., p. 54).

Monteiro (2021) destaca la necesidad de alejarse del proceso del modelo médico que identifica y etiqueta el autismo como una constelación de síntomas y la posterior abstracción y reducción del individuo a una categoría diagnóstica y etiqueta. La práctica estándar de diagnosticar el autismo mediante la identificación de déficits deja a las PoAS y a sus familias con una narrativa negativa, confusa y marginante, lo que lleva a un aumento del estrés y una gran dificultad para comprender la cosmovisión del individuo. Este enfoque del proceso diagnóstico y la conversación ha permanecido en gran medida vigente incluso cuando el entendimiento del espectro autista ha avanzado durante los últimos 40 años. 

Monteiro sugiere que el autismo debe analizarse en términos de describir patrones de comportamiento en lugar de etiquetas diagnósticas. Este cambio hacia el uso de un lenguaje descriptivo abre un contexto para que las PoAS y su entorno puedan entender y relacionarse con una cosmovisión impulsada por una forma distintiva de organizarse, regularse, pensar y comportarse en relación con los demás. Para este fin, el autor introduce dos conceptos: “estilo cerebral” y “patrones de fortalezas y diferencias”. 

El concepto de “estilo cerebral” centra las observaciones en una narrativa inclusiva más que marginalizante, ya que cada persona tiene un patrón distintivo de fortalezas y diferencias en su estilo cerebral, no solo la persona con autismo. Según Monteiro, el simple cambio narrativo de reconocer y describir el patrón de fortalezas y diferencias relacionadas con el estilo cerebral de un individuo proporciona una manera poderosa de apoyar la perspectiva de ese individuo. El lenguaje de las diferencias en los estilos cerebrales empodera a las PoAS y a su entorno, liberándolos para explorar y comprenderse mutuamente y sus estilos cerebrales distintivos. Esto da lugar a oportunidades para apoyar y construir conexiones y vínculos de manera profundamente significativa e individualizada.

Igualmente importante es el cambio de narrativa de hablar de “patrones de fortalezas y debilidades” (o “fortalezas y déficits”) a hablar de “patrones de fortalezas y diferencias”. Cuando los profesionales utilizan el marco de identificar fortalezas y debilidades, el oyente normalmente experimenta una respuesta de estrés. Se vuelve desafiante absorber las fortalezas mencionadas cuando el oyente se prepara emocionalmente para procesar el inminente asalto de sus debilidades o déficits. El cambio que ocurre cuando el clínico hace observaciones sobre fortalezas y luego introduce observaciones sobre diferencias es un cambio poderoso. Según Monteiro, combinar la narrativa de los patrones de fortalezas y diferencias con la narrativa del estilo cerebral permite que las personas se sientan curiosas y se involucren con los estilos y patrones de los demás de una manera que permite resultados inesperados. 

La Ilustración 2 representa el esquema de Monteiro sobre las diferencias en los estilos cerebrales dentro del espectro autista:

Illustraciòn 2. Triàngulo descriptivo de las diferencias en el estilo cerebral del espectro autista (Centers for Disease Control and Prevention, 2020).

 

Este esquema puede ser útil para estructurar una relación de ayuda con las personas en el espectro autista (PoAS) o para apoyar a sus acompañantes en la interacción con ellas, ya que ofrece un mapa para que los profesionales y cuidadores presten atención a algunos elementos clave cuando se comuniquen con las PoAS. Además, puede ayudar a las PoAS a centrarse en los aspectos específicos de su estilo cerebral en relación con estas dimensiones, permitiéndoles comprender mejor cómo procesan y responden a diferentes estímulos, lo que puede mejorar la comunicación y las interacciones sociales.

El trabajo de Courtney Olinger (2021a, 2021b, 2021c) se centra en la idea de describir el autismo utilizando un lenguaje que sea lo más representativo posible de la experiencia individual de PoAS. Este enfoque no necesariamente rechaza la descripción diagnóstica tradicional que la PoAS podría haber recibido. En su lugar, busca ampliar el diagnóstico con una narrativa más cercana a la experiencia vivida. Olinger destaca que, si pensamos en términos de utilidad, la práctica dominante de diagnosticar el autismo puede ser útil para la PoAS, ya que algunos individuos experimentan alivio al saber que hay un nombre para lo que han estado experimentando. Según la autora, algunas personas hablan de sentirse menos solas en sus luchas y luego encuentran comunidades de apoyo. Además, en algunos contextos, el diagnóstico es necesario, por lo que la PoAS no puede evitar recibirlo.

En este sentido, Olinger (2021c) sugiere que los profesionales apoyen descripciones cercanas a la experiencia, en las que el término diagnóstico se sitúe dentro de un contexto y experiencia. Este enfoque enriquece la narrativa diagnóstica sobre el autismo al ayudar al PoAS a desarrollar narrativas preferidas sobre sí mismos, el diagnóstico y su relación con el resto del mundo.

El mapa de práctica de Olinger para ayudar al PoAS a desarrollar una descripción cercana a la experiencia del autismo se centra en realizar preguntas sobre cuatro dimensiones: percepción sensorial, relaciones sociales, habilidades y desafíos. La percepción sensorial se explora haciendo preguntas sobre la sensibilidad, la agudeza y la agradable sensación de los cinco sentidos, además del sentido de la propriocepción (conciencia del cuerpo), interocepción (reconocimiento de señales internas) y el movimiento corporal. El perfil social de la persona se explora preguntando cómo describen sus comunidades y el grupo social al que pertenecen. Las habilidades se definen por Olinger como “algo en lo que la persona es buena” (ibid., p. 54), mientras que los desafíos se definen como “algo que la persona no puede hacer o no le gusta” (ibid.). Ambas dimensiones se exploran haciendo preguntas sobre habilidades y desafíos generales, así como habilidades y desafíos contextuales.

Según Olinger, las exploraciones de los perfiles sensoriales, sociales, y las habilidades y desafíos son formas de obtener el conocimiento y las habilidades que los clientes tienen sobre lo que les resulta útil. La información obtenida de estas exploraciones sirve como base para promover la agencia y la acción de la PoAS. La autoafirmación es el acto de representar a uno mismo, sus puntos de vista y sus intereses (Leabitter et al., 2021). Esto requiere cierto grado de conciencia, la capacidad de saber lo que se necesita o se quiere, y la capacidad de comunicar esto de alguna manera. Las expresiones de autoafirmación pueden ser: decir no, pedir ayuda, expresar confusión o falta de comprensión, expresar intereses, expresar preferencias, y expresar desagrado, incomodidad o angustia.

Olinger sugiere que la autoafirmación está profundamente relacionada con los procesos de autorregulación y co-regulación (ibid.); es decir, cómo la PoAS entiende cómo defenderse de manera que obtenga las respuestas que espera y evitar empeorar el problema, mientras entiende cómo navegar en el sistema en el que estas necesidades pueden ser satisfechas. En consecuencia, el mapa de práctica de Olinger incluye preguntas sobre la forma en que la PoAS reflexiona sobre cómo y cuándo expresar sus necesidades y deseos dentro de un contexto social específico.

NARRATE tiene como principal prioridad la inclusión de las Personas en el Espectro Autista (PoAS) como los beneficiarios finales del proyecto en el mundo laboral. Nuestra propuesta persigue esta prioridad proporcionando a los profesionales de la Formación Profesional y Técnica (FPT) el conocimiento y las habilidades necesarias para apoyar a las PoAS en su transición al mundo laboral y para apoyar a las empresas en la contratación de PoAS. Esto se basa en la idea, inspirada en el Enfoque Narrativo (NA, por sus siglas en inglés), de que las PoAS son personas con una forma alternativa de ser, con un ritmo, tempo y formas de descifrar (interpretar) el mundo diferentes, en lugar de ser personas con un trastorno mental (Vakirtzi, 2010; Monteiro, 2016). Esta forma de considerar a las PoAS facilita la inclusión en el mundo laboral y proporciona beneficios tanto para los beneficiarios finales como para las empresas.

Por esta razón, NARRATE se enfoca en capacitar a los profesionales FPT con las habilidades necesarias para ayudar a las PoAS a tomar un rol activo en su transición al mundo laboral, deconstruyendo la narrativa dominante de que son “personas con discapacidad” y enfocándose en sus fortalezas y habilidades para encontrar y mantener empleo. Por otro lado, NARRATE también se enfoca en capacitar a los profesionales FPT en el desarrollo de habilidades para involucrar de manera efectiva a las empresas en la contratación e interacción con las PoAS, para que las vean como recursos valiosos para sus negocios.

La idea del proyecto nació de la creciente necesidad de servicios de empleo para PoAS percibida por los profesionales VET que trabajan con este grupo de personas. Aunque existe amplia evidencia que respalda los beneficios potenciales para las empresas cuando contratan a PoAS, quienes a menudo demuestran confiabilidad, responsabilidad, atención al detalle y un enfoque intenso que resultan en un aumento de la productividad laboral (Hendricks, 2009), la interfaz con el mundo laboral aún no está bien cubierta: el desempleo y sus consecuencias (por ejemplo, ingresos insuficientes, baja autoestima, baja independencia de los padres en los jóvenes adultos, y, en el peor de los casos, alienación social y caída en la pobreza) están dificultando la vida de los adultos PoAS (Autism Europe, 2019).

Lamentablemente, el campo de la FPT, aunque su objetivo es equipar a las personas con el conocimiento y las habilidades necesarias en el mercado laboral, a menudo carece de medios para apoyar mejor tanto a las PoAS que enfrentan el mundo laboral como a las empresas en la contratación e integración de PoAS en sus entornos. Una de las razones de esto podría ser la narrativa dominante sobre el autismo, considerándolo un trastorno neurobiológico del desarrollo. Tal marco es negativo por diseño, ya que enfatiza los déficits y los niveles de severidad y toma poca cuenta de las fortalezas, competencias y habilidades individuales de las PoAS. Debido a este marco:

  • Las PoAS tienden a verse a sí mismas como personas con un déficit y no están acostumbradas a prestar atención a sus fortalezas, competencias y habilidades. Esto también ha tenido un impacto negativo en la forma en que abordan el trabajo.

  • Los profesionales intentan ayudar a las PoAS a lidiar con el «déficit» que se supone tienen debido a su condición.

  • Las empresas tienden a experimentar la contratación de PoAS como un proceso difícil, temiendo que deban modificar en gran medida su entorno laboral para integrar a uno o más empleados que se supone tienen un trastorno mental que podría generar problemas con los compañeros de trabajo y en términos de eficiencia laboral.

 NARRATE tiene la intención de replantear esta narrativa dominante sobre el autismo para proporcionar a los profesionales un enfoque teórico y práctico que les ayude a apoyar tanto a las PoAS en su entrada al mercado laboral como a las empresas (dispuestas a) emplear a las PoAS. Desarrollaremos un programa de formación dirigido a ambos lados basado en los Enfoques Narrativos (Vakirtzi, 2010; Monteiro, 2016). Estos enfoques sugieren que el autismo puede ser entendido como una forma alternativa de ser, con un ritmo, tempo y formas de descifrar (interpretar) el mundo diferentes. Así, las PoAS pueden ser vistas como personas que presentan áreas de fortaleza y áreas de brechas a nivel social, comunicativo y sensorial, en lugar de personas con un trastorno mental.

Aplicar esta narrativa abre nuevas posibilidades para apoyar a las PoAS en su interacción con el mundo laboral y para las empresas que trabajan con PoAS, ya que resalta que las PoAS tienen fortalezas y habilidades que pueden ser cultivadas para el mundo del trabajo y que pueden agregar valor a los entornos de las empresas.

El objetivo principal de NARRATE es proporcionar una ruta de formación completa que aborde dos aspectos fundamentales del trabajo diario de los profesionales de la formación profesional (VET) que trabajan con PoAS.

  1. Apoyar a las PoAS en su transición al mercado laboral, lo que implica preparar a las PoAS para acceder a entornos laborales y mantener el empleo. 

  2. Preparar y comprometer a las empresas para contratar a PoAS.

De manera más concreta, NARRATE ofrece un programa de formación de dos niveles: la Formación Interna (In-House Training) y la Formación NARRATE en Empresa (In-Company NARRATE Training). El primero proporciona conocimientos y habilidades para apoyar a las PoAS en su transición al mercado laboral, mientras que el segundo proporciona conocimientos y habilidades para involucrar y apoyar a las empresas en la contratación y empleo de PoAS. Ambos programas de formación NARRATE están estructurados en torno a 3 pilares:

  • Un Programa de Formación, que describe el marco teórico y contiene los módulos de aprendizaje.

  • Una Caja de Herramientas, que proporciona ideas, ejercicios y actividades que ayudan a poner en práctica los contenidos de aprendizaje. 

  • Un Plan de Acción Personal, que ofrece a los profesionales de la formación VET ideas, directrices y sugerencias sobre cómo aplicar el Programa de Formación y el Kit de Recursos en sus contextos laborales específicos.

La Formación NARRATE para PoAS está dirigida a los profesionales VET que trabajan con PoAS que ingresan al mundo laboral; la Formación en la Empresa está dirigida a los profesionales VET que involucran y apoyan a las empresas en la contratación de PoAS. En consecuencia, los dos niveles pueden ser utilizados por diferentes profesionales o por la misma persona (por ejemplo, en organizaciones más pequeñas, a menudo la misma persona cubre ambos campos). Ambos niveles del programa de formación NARRATE están completamente alineados y coordinados. Sin embargo, debido a sus diferencias, presentan e incluyen enfoques y prácticas distintas.

El marco W.O.R.K. ha sido desarrollado considerando dos fases:

  1. Investigación documental sobre el EN y su aplicación al espectro autista, especialmente en el contexto de ayudar a las PoAS a encontrar y mantener un empleo.

  2. Entrevistas con expertos en el campo del espectro autista y con PoAS que están buscando trabajo o que ya tienen un empleo.

Las entrevistas han sido una fuente importante de información, especialmente para desarrollar un vocabulario que describa el marco y los entrenamientos de 2 niveles de forma que puedan ser lo más cercanos posible a la experiencia de los profesionales, en coherencia con las ideas del EN.

De hecho, la investigación documental nos mostró que la aplicación del EN en el campo del espectro autista, especialmente en el contexto de ayudar a las PoAS a conseguir y/o mantener un empleo, es un tema bastante innovador. Por esta razón, ya que sabemos que muchos profesionales no están tan familiarizados con el EN, decidimos apartar un lenguaje técnico relacionado con la EN y usar un lenguaje más alineado con la experiencia cotidiana de los profesionales.

Sin embargo, tuvimos que utilizar algunos términos técnicos relacionados con el EN, que han sido descritos en el glosario en el apéndice.

El marco que desarrollamos es coherente con las ideas generales del EN previamente presentadas, con la conceptualización sobre el espectro autista y la experiencia vital de las PoAS previamente descrita, y con las necesidades y sugerencias que surgieron de las entrevistas en la primera fase del proyecto.

En consecuencia, creemos que el marco W.O.R.K. respalda las siguientes ideas:

Las PoAS son representativas de una comunidad de individuos que experimentan la vida de manera diferente a las personas llamadas “neurotípicas”. La experiencia vital de las PoAS no necesariamente significa una experiencia patológica de vida.

La experiencia de vida de las PoAS merece ser explorada con curiosidad y respeto. Los profesionales que aplican las ideas de NARRATE asumen que las PoAS son expertas en sus propias vidas.

Se invita a los profesionales a deconstruir su rol de poder como expertos. Dado que las PoAS son expertas en sus propias vidas, las relaciones de apoyo profesional son contextos donde los profesionales pueden enseñar a las PoAS algunas ideas sobre cómo encontrar y/o mantener un empleo, pero, al mismo tiempo, las PoAS pueden enseñar a los profesionales cómo es su experiencia vital. Como tanto los profesionales como las PoAS son expertas en sus propios temas, los profesionales no siempre ocupan una posición de poder hacia las PoAS. A veces, es al revés.

Las relaciones de ayuda profesional son procesos colaborativos donde todos los actores se enseñan y aprenden unos de otros, incluidos los profesionales.

W.O.R.K. no es un contexto de verdad objetiva. Propone una narrativa que puede ser aplicada por los profesionales, no como un protocolo que debe seguirse de manera rígida, sino como un conjunto de ideas que pueden enriquecer el trabajo de los profesionales con las PoAS. Se invita a los profesionales a considerar siempre cómo y cuándo la aplicación del marco W.O.R.K. podría ser útil en relación con sus entornos laborales específicos.

Las relaciones de ayuda profesional se centran en lo que funciona y lo que ya está funcionando, y no solo en lo que es el problema. En otras palabras, W.O.R.K. promueve un enfoque orientado a la solución para ayudar a las PoAS a encontrar y mantener un empleo.

W.O.R.K. invita a los profesionales a centrarse en la agencia personal de las PoAS ayudándolas a ser más conscientes de la influencia que pueden tener en el mundo. En otras palabras, W.O.R.K. apoya la idea de la NA sobre propiedad y autoría: la idea de que una persona puede ser la autora de su propia historia de vida.

Estas ideas son abordadas por el marco W.O.R.K., considerando cuatro constructos importantes. The name W.O.R.K. es en realidad un acrónimo de los siguientes constructos:

  1. W = Nosotros (We). El constructo NOSOTROS invita a los profesionales a apoyar a los clientes en el proceso de explorar las narrativas dominantes de sus vidas y de sus contextos laborales en términos de creencias, valores y discursos sobre la identidad personal y empresarial. También invita a los profesionales a la autorreflexión sobre sus propias narrativas dominantes acerca de las PoAS, el espectro autista y sus interconexiones con el mundo del trabajo, y a considerar cómo estas narrativas impactan su trabajo con PoAS y las empresas. El constructo NOSOTROS invita a los profesionales a considerar a sí mismos, a PoAS y a las empresas como miembros de un entorno sociocultural que influye en sus vidas y pensamientos a través de algunas narrativas dominantes que deben ser desentrañadas y exploradas.

  2. O = Responsabilidad (Ownership). El constructo RESPONSABILIDAD invita a los profesionales a centrarse en los aspectos de la agencia personal y grupal con el fin de favorecer el empoderamiento y promover conversaciones orientadas a la solución y reflexiones para que PoAS y las empresas puedan mejorar su sentido de autoría y la idea de que pueden impactar positivamente el mundo con sus acciones y valores.

  3. R = Relaciones (Relationships). El constructo RELACIONES invita a los profesionales a centrarse en las dinámicas de poder dentro de la relación profesional que construyen con PoAS y las empresas para gestionarlas con el objetivo de ayudar a sus clientes. Además, se enfoca en la idea de ayudar a PoAS a aumentar su conciencia de tener un rol activo en la sociedad y en las empresas, promoviendo procesos de inclusión e integración de PoAS en sus entornos laborales.

  4. K = Conocimiento (Knowledge). El constructo CONOCIMIENTO invita a los profesionales a analizar junto con PoAS (Nivel 1 y Nivel 2) y empresas (Nivel 2) las competencias, habilidades y capacidades que podrían ayudar a PoAS a encontrar y mantener un empleo, y a las empresas a mejorar los procesos de integración e inclusión. Invita a los profesionales a promover conversaciones orientadas a la solución y a hablar sobre lo que funciona bien y lo que ya está funcionando, y a deconstruir la narrativa dominante de la práctica de resolución de problemas como la única forma de resolver problemas.

Para cada constructo, se ha desarrollado una Unidad de Enseñanza, ayudando a los profesionales a entrenar de manera práctica y a adquirir experiencia en torno a estas ideas. Cada unidad ayuda a los estudiantes a profundizar en uno o más aspectos de los cuatro constructos de W.O.R.K. y a declinarlos en el contexto de ayudar a PoAS a encontrar un empleo (Entrenamiento Interno) y mantener un empleo (Entrenamiento en la Empresa), y a las empresas a mejorar sus procesos de inclusión e integración para PoAS (Entrenamiento en la Empresa).

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NARRATIVA

El científico y filósofo polaco-estadounidense Alfred Korzybski afirmó que «el mapa no es el territorio». Es decir, no podemos tener una experiencia directa de la realidad objetiva (si es que algo como la «realidad objetiva» existe), sino que tenemos representaciones de ella. 

El mapa de la realidad no es la realidad. Incluso los mejores mapas son imperfectos. Son reducciones de lo que representan.

Un mapa también puede ser una instantánea de un momento en el tiempo, representando algo que ya no existe. 

Cada mapa que construimos sobre la realidad cambia con el tiempo. Por lo tanto, se convierten en narrativas de la realidad. “Narrativa” es la metáfora que usamos en NARRATE para describir la idea de que los mapas de la realidad cambian con el paso del tiempo.

Si consideramos la relación entre las PoAS y el mundo del trabajo:

  • Una persona con diagnóstico dentro del espectro autista tiene sus propias narrativas sobre las cosas, las relaciones y el mundo del trabajo.

  • Un profesional que trabaja con PoAS tiene sus propias narrativas sobre las cosas, las relaciones, el mundo del trabajo y cómo las PoAS viven y experimentan el mundo.

  • Las personas que trabajan dentro de un entorno empresarial tienen sus propias narrativas sobre las cosas, las relaciones, el mundo del trabajo y cómo las PoAS viven y experimentan el mundo.

REALIDAD

Si decimos que las personas viven sus vidas a través de las narrativas que desarrollan sobre el mundo, ¿qué es entonces la realidad? 

Si solo experimentamos el mundo a través de nuestras narrativas, ¿podemos afirmar con certeza que existe una realidad objetiva? 

¿Qué entendemos entonces por “realidad”?

En NARRATE definimos la realidad como un proceso social y cultural en el que todas las personas involucradas en un contexto específico acuerdan qué es real y qué no lo es. En otras palabras, una narrativa compartida dentro de un contexto determinado es lo que llamamos “realidad”. La realidad es una co-construcción de significados.

Esto implica que conceptos como “normal” y “anormal”, “sano” y “patológico”, “verdadero” y “falso” son narrativas en sí mismas, compartidas por los miembros de una comunidad. Los cambios en la cultura de una comunidad generan cambios en la definición de lo que se considera normalidad, cordura y verdad.

Teniendo esto en cuenta, cuando desde NARRATE proponemos practicar una verificación de realidad con tus clientes, te invitamos a explorar junto a ellos las narrativas dominantes en su vida personal y en su contexto social, y cómo estas narrativas influyen en su experiencia y en su forma de abordar la búsqueda de empleo, el mantenimiento de un trabajo o el hecho de estar en relación con una persona con un diagnóstico dentro del espectro del autismo.

PAISAJE NARRATIVO

El paisaje narrativo es la representación de los acontecimientos situados en el tiempo y el espacio tal como los narramos. Los Enfoques Narrativos definen dos tipos de paisajes:

  1. Paisaje de la acción: Es el “material de la historia”: eventos, circunstancias, secuencia y tiempo. Aborda el dónde, el qué y el cuándo de una historia, y cuenta con una trama además de un tema subyacente.

  2. Paisaje de la identidad: Se refiere a los pensamientos, sentimientos y creencias de las personas, así como a sus descreencias. Es el ámbito de la construcción de sentido personal, a través del cual las personas pueden ser testigos de los acontecimientos, reflexionar sobre ellos y dar voz a comprensiones sobre la vida y la identidad.

La descripción de un paisaje puede cambiar según el punto del paisaje desde el que elijamos observar. Ver un valle desde la cima de una montaña nos permite notar ciertos elementos; ver ese mismo valle desde el río que lo recorre en el fondo nos permite ver otros elementos. Del mismo modo, narrar nuestra experiencia centrándonos en ciertos elementos en lugar de otros genera diferentes líneas argumentales para nuestras vidas. En otras palabras, cambiar el punto de vista desde el cual describimos los eventos de nuestra vida cambia la narrativa que tenemos de esos eventos y cómo los experimentamos.

Siguiendo esta lógica y considerando la filosofía de NARRATE, la narrativa de las PoAs como “miembros de una comunidad cultural” nos ofrece una perspectiva distinta sobre el autismo que la narrativa de las PoAs como “patológicas”. Si una narrativa es mejor o peor que la otra depende del contexto.

DINÁMICAS DE PODER 

En NARRATE creemos que toda relación puede analizarse considerando los diferentes niveles de poder que tiene cada actor dentro de ella. 

Por ejemplo, como profesionales que apoyamos a las PoAs en su acercamiento al mercado laboral o en el mantenimiento del empleo, solemos tener más poder en comparación con las personas a las que estamos acompañando, ya que se nos considera expertos. Sin embargo, si decimos que todas las personas tienen sus propias narrativas de la realidad, ¿por qué deberían ser mejores las narrativas de los profesionales que las de las PoAs? ¿Por qué nuestra visión de la realidad debería considerarse “más verdadera” que la de ellas? ¿Quién lo estableció?

Reflexionar en términos de dinámicas de poder puede ayudarnos a pensar cómo usar nuestro rol de poder de manera efectiva para apoyar verdaderamente a las PoAs en su proceso de encontrar y mantener un empleo.

NARRATIVAS DOMINANTES 

Si decimos que la realidad es el producto de una construcción social, donde las personas comparten y acuerdan ciertas narrativas sobre lo que es “real”, “verdadero”, “bueno”, “normal” y lo que no lo es, entonces esas mismas narrativas son las narrativas dominantes que dirigen nuestra realidad.

En otras palabras, las narrativas dominantes, a veces llamadas “metanarrativas” o “grandes narrativas”, son historias que se repiten frecuentemente y que se comparten en la sociedad a través de diversas instituciones sociales y culturales.

Las narrativas dominantes son explicaciones o relatos que se cuentan al servicio de los intereses e ideologías del grupo social dominante. Generalmente alcanzan su posición de dominio mediante la repetición, la autoridad aparente de quien las enuncia (autoridad que suele asignarse a quienes representan a los grupos sociales dominantes), y el silenciamiento de relatos alternativos.

Debido a que las narrativas dominantes están tan normalizadas a través de su repetición y de la autoridad que las respalda, dan la ilusión de ser objetivas y apolíticas, cuando en realidad no lo son.

NORMALIDAD

En NARRATE sostenemos que estamos hechos de historias y que la realidad también está hecha de historias. Algunas historias son más compartidas que otras y se convierten en narrativas dominantes.

Siguiendo esta lógica, la “normalidad” también es una narrativa. La narrativa de la normalidad destaca como una narrativa dominante, caracterizada por percepciones culturales ampliamente extendidas y que funciona como un recurso compartido.

Como dice Jane Hutton: 

Lo que se considera “normal” está definido por los valores sociales y culturales dominantes dentro de nuestra realidad social. La palabra ‘normal’ proviene originalmente del latín o del francés, y hacía referencia a la escuadra del carpintero, o a un ángulo recto. Fue recién a principios del siglo XIX cuando la palabra “normal” comenzó a aplicarse a las personas y a sus acciones, más allá de los ángulos geométricos. Luego pasó a definirse como: “aproximadamente promedio con respecto a cualquier rasgo psicológico, como la inteligencia, la personalidad, el ajuste emocional, etc.; sin ninguna aberración mental, cuerdo”. Así, “normal” solía ser una medida geométrica… ahora se usa para medir a las personas. En la actualidad, la idea de lo que es normal —o de lo que se espera de la mayoría de las personas— puede aplicarse prácticamente a cualquier cosa. Se nos juzga por nuestra estatura, peso, el tiempo que tardamos en elaborar un duelo, cuán enojados o cuán felices estamos (entre una infinidad de otras cosas, tan detalladas y variadas como puedas imaginar). Abundan las ideas sobre lo que es una mujer normal, un hombre normal o un niño normal, y están en constante cambio. Nuestra cultura ha desarrollado una enorme variedad de formas de medir la normalidad de las personas y, con ello, su valor como personas. Este doble aspecto del juicio normativo hoy en día se ha vuelto parte de la “práctica normal”.

Hutton J. (2008). Turning the spotlight back on the normalising gaze. The International Journal of Narrative Therapy and Community Work (1), pp. 3-16.

JUICIO NORMALIZADOR

En NARRATE sugerimos que las y los profesionales presten atención a la práctica de la normalización.

El juicio normalizador es un mecanismo de control social: interiorizamos actitudes normalizadoras presentes en nuestra sociedad y vinculamos los problemas que enfrentamos con nuestros propios fracasos, limitaciones, patologías o con la necesidad de reconciliar elementos psíquicos inherentes. De este modo, el individuo se convierte en el problema, o el problema pasa a formar parte de su identidad.

El psicodiagnóstico corre el riesgo de ser utilizado como una práctica de normalización. Las personas pueden identificarse con el diagnóstico recibido, viéndolo como algo que forma parte de sí mismas, que no debería existir y que está perturbando sus vidas. Esto puede generar un sufrimiento añadido, en términos de vergüenza, culpa, sentimientos de inadecuación, anormalidad, etc.

Desde NARRATE no proponemos abandonar ni negar el uso del psicodiagnóstico al trabajar con PoAS sino reflexionar sobre cómo lo usamos al acompañar a PoAS y/o a las organizaciones que tienen una relación profesional con ellas.

El psicodiagnóstico puede ser una herramienta útil para empoderar a PoAS, resaltando sus particularidades, habilidades, competencias y desafíos. Pero también puede despotenciarlas, incrementando su sensación de extrañeza y aislamiento dentro del contexto social.

EXTERNALIZACIÓN

Aunque la externalización puede entenderse de varias maneras, quizás la mejor forma de expresarla sea la siguiente: el problema es el problema, no la persona. Es muy común que las personas vean los problemas como algo “interno”, como si revelaran algo sobre su carácter o su “yo interior”. Por ejemplo, solemos etiquetar a alguien como “autista” utilizando un lenguaje internalizado, tratándolo como si su personalidad, características o disposiciones estuvieran predispuestas a esa condición.

La externalización es una práctica lingüística y conversacional mediante la cual podemos generar cierta distancia con respecto al problema a través del lenguaje. El problema se percibe como algo externo a nosotros, que podría estar “reclutándonos” de diferentes formas, en lugar de ser una condición inherente a nuestra existencia. Las prácticas de externalización identifican los problemas como artefactos históricos y culturales, más que como problemas personales.

Así, mientras el lenguaje internalizado define a las personas como “autistas”, el lenguaje externalizado puede definirlas como personas que “practican” o “actúan” el autismo. El autismo se considera una práctica, una de muchas posibles, que se definen y se manifiestan dentro de nuestro contexto sociocultural. A través de la externalización, problemas como el autismo se entienden como construcciones sociales desarrolladas a lo largo del tiempo.

El objetivo de la externalización, por tanto, es permitir que las personas comprendan que ellas y el problema no son lo mismo.

RE-AUTONARRACIÓN

La re-autonarración parte de la premisa de que siempre habrá contradicciones e inconsistencias en la historia de una persona, ya que ningún relato único puede capturar por completo la totalidad de su experiencia vital.

Las experiencias que vivimos pueden utilizarse constantemente para construir nuevas líneas narrativas. Por ello, nuestras identidades son múltiples y no pueden reducirse a una sola historia. Somos seres con múltiples relatos.

Re-autonarrar historias de vida alternativas—esas historias “silenciosas” o inadvertidas que pueden respaldar las identidades emergentes de PoAS mientras se separan de sus problemas—es un componente clave de las conversaciones de re-autonarración. En NARRATE, estas historias “silenciosas” se denominan con frecuencia “resultados únicos” o “excepciones”.

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